va por su octavo presidente

El duro camino del éxito

Alejandro Rodríguez, promesa del Taekwondo, en una lucha más allá del ring.

Publicado: 2016-07-20

Cuando Alejandro Rodríguez bajó del avión que lo aterrizó en El Cairo, Egipto, nunca pensó que esa aventura lo marcaría de por vida.  

“Deportivamente, me di cuenta de que podía llegar lejos. Quedé quinto en ese mundial”.

La sonrisa que esboza cuando le mencionan el país africano es inigualable. Es definitivamente, el mejor viaje que hizo en su vida.

“Al margen de lo deportivo, culturalmente fue muy grata esa experiencia. Como me gusta la historia, era imposible creer que podía ver las Pirámides de Giza”.

Alejandro cuenta también una de las anécdotas más divertidas que le tocó en su periplo por África.

“Imagínate caminar por las calles y de repente te topas con un camello. Yo me subí a uno de ellos, quizá fue una de las cosas más divertidas que he hecho en mi vida”.

Por otro lado, menciona que lo más difícil de ese torneo no fueron las peleas, sino el hecho de haber llegado al invierno africano y aun así sentir los 38 grados propios de un desierto. Aun así compitió.

Cuando no está en el ring defendiendo a su país, está entrenando en el gimnasio de su casa, lejos de todo y todos, en la torre más alta de Camacho al costado del Hotel Golf Los Inkas, pensando solamente en una palabra: “Taekwondo”. Es que así es Alejandro Rodríguez.

De apariencia tranquila, inocente y un poco infantil, Alejandro tuvo que convivir con una dura realidad desde que comenzó a practicar Taekwondo. Tenía que elegir entre pasar tiempo con sus amigos, y vivir una vida acorde a su edad, o pasar semanas enteras (incluso meses) fuera de Perú, para perfeccionar su técnica y conseguir lo que pocos deportistas de 21 años han conseguido: Estar muy cerca del top cien a nivel mundial y del top doscientos a nivel olímpico.

Me recibe en su casa, son las 3 de la tarde. Acaba de entrenar y se le nota cansado, pero tiene marcada una sonrisa alegre y honesta, como la amistad que nos une desde hace aproximadamente 10 años.

Entramos a su cuarto y prende el Play Station. Pone FIFA, me entrega el control. El partido ya va a comenzar.

- Son pocos los momentos que tengo para divertirme – menciona antes de comenzar a jugar.

Desde chico, Alejandro Rodríguez vive en una familia de deportistas natos. Su padre es un asiduo corredor amateur de maratones. Su madre lleva el deporte más duro de todos: poner orden en una casa con puros hombres. Alejandro es el primero de tres hermanos, le sigue Francisco y por último viene Miguel. Los tres entrenan Taekwondo.


¿Desde cuándo comenzaste a practicar Taekwondo?
Comencé a entrenar a los 3 años. Recién a los 13 que lo hago de manera competitiva y a nivel de selección nacional.
¿Qué te motivó a practicarlo?
De pequeño era hiperactivo y no podía controlar mis emociones. Tendía a pegarle a mis compañeros de nido. Entonces le dijeron a mis padres que era mejor que me metan a practicar artes marciales. Probé Judo y Karate, pero no me gustaron. Es ahí cuando interactúo por primera vez con el Taekwondo.
¿Cómo hacías en el colegio para poder llevar todo en orden?
Desde que entré a la selección, terminando tercero de secundaria, me levantaba al amanecer, hacia tareas en los recreos, llegaba a mi casa, entrenaba y volvía a hacer tareas y dormía. Los fines de semana trataba de salir. Intentaba avanzar las tareas para poder tener espacios de relajo. En el colegio era responsable, pero no chancón, debo aclarar eso. Era tercero en la promoción. Era bien difícil mantener un buen rendimiento tanto en clases como en el deporte.
¿Te apoyaban en el colegio tus amigos?

... 

En ese momento, Alejandro me mira con seriedad. Comienza a agarrar su cadena, un peleador de Taekwondo bañado en plata. Parece nervioso. Comienza a contar algo que realmente le duele. Vuelvo a formular la pregunta.
¿Te apoyaban en el colegio tus amigos?

No. Sentía que me tenían envidia. De chico era engreído, no lo niego. Creo que al estar en un colegio con una fama de pituco como San Pedro, hizo que justamente yo no encaje en ese estereotipo, era perfil bajo. Creo que eso les molestaba. Cuando quedé quinto en el Mundial de Egipto nadie se me acercó a felicitar. 


Comienza el primer partido de FIFA 16. Él comienza atacando y yo defendiéndome. Las mejores jugadas vienen de su equipo favorito, el Bayern Múnich, que se enfrenta a mi humilde Real Madrid. Empatamos y nos vamos a penales. Él gana la primera partida.

Ahora que estás en la universidad, ¿sientes que ellos te apoyan?

Ahora sí. Mis profesores y amigos siempre me preguntan cómo van mis competencias y entrenamientos. Me dan permisos cuando son campeonatos. Si tengo exámenes, me los reprograman. Adicionalmente me dan primer turno de matrícula (antes de todos). Lamentablemente estoy en una universidad muy cara (U. Pacífico). El nivel de exigencia es demasiado alto. Realmente me gustaría que me den una beca, pero no es posible. 


Además de todo el esfuerzo que hace su familia por pagarle la universidad, lo más difícil para Alejandro no es alejarse de su familia y amigos. Ni siquiera es el hecho de tener la obligación de mantener un buen promedio en la universidad y en la selección. Lo más difícil es la cantidad de dinero que invierte en sus viajes, que incluyen alimento y hospedaje tanto para él como su entrenador, Todo sale del bolsillo de su padre.

“Mi papá me paga la universidad y los viajes. Hay veces en las que me tengo que pagar yo el pasaje. Felizmente me quedo en casa de uno u otro pariente o amigos que conozco a través del Tae Kwon Do. Pero sí, mi familia y no nos costeamos prácticamente todo.”

¿Qué es lo más difícil de dedicarse por completo al Taekwondo?
Todo. Dejas todo. Tu vida cambia por completo. Mientras tus amigos salen a divertirse, yo estaba en mi casa durmiendo porque tenía que pelear al día siguiente. No puedes comer lo que quieres. Te tienes que privar de muchas cosas que un chico no debería privarse, todo por competir.
¿Tienes auspicios en la actualidad?
No tengo auspicios. Estoy buscando. Tuve un auspiciador en el 2012, me ayudó a costear el viaje a Egipto. De ahí no he tenido ninguno hasta este momento.
¿Qué tan difícil es la vida de un deportista sin auspicios?

Es horrible. Uno tiene que encargarse de todo. Pasajes baratos, incluso tengo que conseguir vuelos con varias escalas largas. Tengo que seleccionar los campeonatos a los que puedo ir. Me gustaría ir a todos los que hayan, pero no puedo costearme siempre todo yo. Al no tener auspicios, la mayoría de las veces he tenido que viajar sin un médico. Ese es el mayor riesgo. 


Alejandro Rodríguez no ha sido ajeno a las lesiones. Una fractura del quinto metatarsiano, en el año 2011, en su debut en la Selección Nacional en el Campeonato Panamericano Juvenil en Las Vegas, Estados Unidos, hizo que anímicamente se sienta destruido. Su familia y amigos lo apoyaron, pero alguien en especial le dio la espalda.

Mi enamorada, en ese entonces, y su familia, no me apoyaron en ningún momento. Me decían que no entrene porque siempre habría uno mejor que yo, que no valía la pena seguir. Ese fue uno de los motivos por el cual terminé con ella después de un poco más de dos años.”

Comenzó el segundo partido de Play. Ahora tocan selecciones. Él escoge a Alemania; yo, a Argentina. El partido comienzo ganándolo, pero en un descuido me empata. Volvemos a ir a penales y vuelve a ganar. La dicha que tiene Alejandro en su segunda victoria consecutiva se compara con la que sintió cuando ganó el Selectivo Nacional el año pasado. Al salir campeón, él tuvo la oportunidad de entrenar en Aguascalientes, México, durante 3 meses. Una vez allí, participaría del Pre Olímpico en su categoría, para tentar una de las 2 plazas a las Olimpiadas de Rio 2016.


Una decisión cuestionable, emitida por la Federación Nacional de Tae Kwon Do y el Comité Olímpico Peruano, lo imposibilitó de participar en dicho clasificatorio, aun cuando él ya se encontraba en México.

“Los únicos que podían participar en el torneo, por decisión del Comité Olímpico y la Federación, eran Peter López y Julissa Diez Canseco. Cuando reclamé, me dijeron que no era una cuestión de dinero (por el viaje a México, que él podía, y lo costeó), sino que simplemente no querían que compita”.

En ese momento, la voz de Alejandro cambia. Se pone un poco nervioso, quizá sea la rabia que tiene contenida y que no puede guardar por mucho tiempo.

“Yo tenía el derecho de competir. Hay favoritismo en la selección, no tengo dudas. Incluso yo no clasifiqué a los Panamericanos de Toronto, el año pasado, porque me sacaron del equipo.”

Comienza el tercer y último partido. En un rato tiene que volver a entrenar. Escogemos otros equipos y me vuelve a ganar. Una victoria más para él.

Antes de retirarme, le pregunto sobre sus planes a futuro.

“En un mes me voy a Los Ángeles por 3 semanas a entrenar con el número 20 del ranking olímpico. Regreso e inmediatamente me voy a Costa Rica para un campeonato. Obviamente es uno pequeño, pero tengo que mantener mi nivel. Hay campeonatos en Europa, pero no puedo ir por falta de dinero."

¿Cuál es tu próximo gran objetivo?

Ir a las Olimpiadas de Tokio en el 2020. Tengo que entrenar duro, pero cuento con el apoyo de mi familia y amigos, quienes nunca me hacen bajar los brazos. 


Alejandro Rodríguez quizá no sea tan conocido en este momento, pero está creciendo de a pocos, dando pasos agigantados. Es un deportista que trata de superarse a sí mismo cada día y trata de salir de la dura realidad en la que se encuentra. Abandonado por su país, cargando una mochila de sueños que por el momento no muestra rajaduras ni descocidas.

Lo acompaño a su entrenamiento. No hace falta que mi conocimiento sea nulo en Taekwondo, pues su empeño y dedicación es lo que contagia y me haga gritar cada vez que enfrenta a sus rivales. En ese momento me convierto en el más ilustrado de las artes marciales.

Termina una jornada intensa. Me despido no sin antes decirle algo que me nace del corazón: Nos vemos en Tokio, mi hermano.


Escrito por

Circulo vicioso

Estudiante de comunicaciones. La vida es un conjunto infinito de aprendizajes continuos.


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Razones e Ilusiones

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